2.10.12

Balanza sectorial de España, segundo trimestre 2012

Estamos otra vez antes las balanzas sectoriales, o cuentas trimestrales no financieras de los sectores institucionales españoles: hogares, empresas, sector público y sector exterior, referidos en este caso al segundo trimestre del año 2012.

A través del análisis de estas cifras podremos saber el flujo monetario acaecido en los sectores de la economía: la renta, el consumo, la inversión, y la capacidad de ahorro de las familias, y nos da indicios claros ya no de cómo va la economía a nivel productivo (pues para ello tenemos los datos trimestrales de crecimiento económico), sino como van aguantando y evolucionando las finanzas de cada sector de la economía. La gracia, por supuesto, está en la interrelación existente entre todos los sectores de la economía. Un análisis completo necesita mirar todos los lados de la realidad para poder saber realmente dónde nos encontramos. Así pues, allá vamos. 

Recuerden que si quieren ver en grande un gráfico en concreto pueden pinchar en ellos para ampliarlos.

 

Hogares

Lo primero que vamos a ver es la evolución de las finanzas de los hogares. Para comparar la evolución, y dado que los datos no están desestacionalizados, tenemos que comparar el dato de cada trimestre (en este caso el segundo) con el mismo trimestre de los años anteriores.
La renta de las familias cayó en el 2º trimestre un 3,5% interanual, al caer poco más de 6.000 millones, hasta los 172.960 millones. La aportación del sector público a las familias casi no ha variado, disminuyendo un nimio 0,4%. Aunque las familias paguen impuestos, quizá con lo que más nos solemos quedar, las transferencias y prestaciones sociales que las familias, en su conjunto, reciben de las administraciones públicas, son superiores. De forma que el sector público aumenta la renta disponible de las familias.


La renta disponible es aquella que las familias disponen para consumo e inversión:
El consumo de las familias ha caído un 0,54%, del orden de los mil millones, pero la caída de la renta disponible ha sido mayor, más de seis mil millones, por lo que el ahorro de las familias ha vuelto a caer, en este caso un 35%.


En este caso es interesante ver la tasa de ahorro de las familias
En este gráfico podemos ver la media móvil desde el año 2000 de la tasa de ahorro bruta y neta (que descuenta el efecto de la depreciación). Como se puede ver, en un momento en el que con el montante de deuda privada que tenemos sobre nuestras cabezas todos los sectores están intentando pagar su deudas y ahorrar, la tasa de ahorro es incluso inferior a las tasa de ahorro de los primeros años de la década, ¡Incluso en plena burbuja! 


La paradoja del ahorro en todo su esplendor. En un momento en el que todos los sectores quieren ahorrar, la tasa de ahorro es inferior al momento en el que “nadie” quería ahorrar.
Si al ahorro le quitamos la inversión, obtenemos la cantidad o montante de dinero que “sobra”, que puede servir o para financiar a otros sectores, o para pagar el montante de deuda (aquí es donde estamos). La inversión de las familias ha bajado casi un 60%, pero es que era ya de por sí muy baja. El efecto monetaria es muy pequeño, y se acerca ya a valor nulos, donde bajadas en la inversión implicarían desinversión (la inversión no llegaría ni a suplir la depreciación). Si el ahorro baja, y la inversión, aun bajando bastante no puede hacerlo mucho más, la capacidad final de las familias vuelve a caer, en este caso un 26%.


Hablamos mucho de cómo las familias han conseguido empezar a pagar su deuda, pero vemos que los esfuerzos requeridos (1) son cada vez mayores, (2) son cada vez más difíciles y (3) dan cada vez menos frutos. Puesto que mientras las familias intentan ahorrar, su renta, su principal fuente de ingresos, cae. Tanto por la caída en los salarios de los que trabajan, como por la caída de los empleados.

 

Empresas

El nivel de producción (y por tanto, venta) de las empresas ha caído un 1,8%. En torno a los dos mil millones de euros. En parte por la caída en el consumo de las familias y la caída en el consumo del sector público (que luego veremos). Sin embargo, las empresas también tienen una deuda (la mayor) que necesitan pagar, por lo que los esfuerzos por mantener un resultado positivo se centran en reducir los costes. En este caso reducir la remuneración de asalariados, en un 3,1%. También cae la renta de propiedad (asociado al pago de intereses, dividendos…), aunque sí aumentan los costes por impuestos, en torno al 1,6%. Con todo ello, la renta disponible de las empresas ha conseguido aumentar en este segundo trimestre un 11%, casi dos mil millones.
Y puesto que ha mantenido la inversión más o menos constante, la capacidad de financiación (o pago de deudas) de las empresas ha conseguido aumentar un 34% (los mismos dos mil millones).

 

Sector privado

Para ver la evolución del conjunto del sector privado incluimos también a las instituciones financieras.
Nos encontramos con un aumento del ahorro de poco más de cuatro mil millones, un 11%, y una bajada en la inversión del 20%, que hacen que la capacidad final de financiación del sector privado aumente en siete mil millones, hasta los 28.815 millones. El aumento se debe sobre todo a las instituciones financieras, que multiplican por cinco su capacidad de ahorro y en menor medida por las empresas (en las familias recuerden que disminuye su capacidad de ahorro).

 

Sector público

Para analizar la evolución del sector público veremos la evolución de los recursos y los empleos del mismo.
La renta primaria, que se obtiene a partir de los impuestos obtenidos de la producción e importación (meteríamos aquí el IVA), cae un 21%. Los impuestos corrientes (IRPF, sociedades…), aumentan un 4,5%, sobre todo desde el aumento de la imposición directa. Y las cotizaciones sociales caen, sobre todo por la caída en la afiliación de los trabajadores, que son despedidos por las empresas.
El total de recursos cae un 4,5%, hasta los 70.274 millones.
Las prestaciones sociales siguen representando el gran grueso de los gastos del sector público (recuerden que son para mantener la renta de las familias y aumentarla) y casi no varía en tamaño. Cae el consumo efectivo, como necesidad de ajuste y austeridad impuesto para reducir su déficit público, lo cual como hemos visto ha acabado afectando a las ventas de las empresas, y cae un 4,3% la inversión, que se ha quedado en 4.579 millones. De nuevo, son partidas ya muy pequeñas, sobre todo en comparación, y que poco más pueden caer sin que impliquen descapitalización.


El total de empleos o gastos por tanto cae en torno al 1% y llega a los 99.944 millones.
En un periodo en el que los ingresos del sector público caen, solo se pueden hacer un par de cosas. O bajas prestaciones sociales (y cae la renta de las familias) o bajas consumo (y bajas las ventas de las empresas), o bajas inversión (algo difícil si ya está baja), o aumentas déficit.
(También podríamos ver la capacidad o necesidad de financiación como resta entre recursos y empleos, 70.274 - 99.944 = -29.670).
El déficit del sector público, por tanto, ha seguido aumentando, en este caso un 8,5%, en más de dos mil millones.
Es importante saberlo porque complementa en gran medida la evolución del déficit público que nos proporciona el ministerio de hacienda periódicamente.
Entre el primer y el segundo trimestre, el déficit ha sido de 45.250 millones, mientras que el año pasado fue de 43.121 millones. Es decir, no solo no ha bajado, sino que ha aumentado. Veremos como evoluciona, pero si el déficit total aumenta y el nivel de producción baja, el ratio saldrá mayor incluso que el año pasado…


 

Sector exterior

El sector exterior nos indica el endeudamiento total de la economía, del conjunto. Por primera vez nuestras exportaciones han sido mayores que nuestras importaciones, aunque aun ha habido una cierta salida de capital exterior (no reflejada en el gráfico) que hace que el endeudamiento total exterior siga siendo positivo.
Como sabemos, el sector exterior sigue siendo nuestro único aliciente, nuestro único punto positivo, pero debería serlo mucho más. El saldo positivo es algo necesario para poder pagar el endeudamiento conjunto. Como sabemos de una de las identidades básicas de la economía, el superávit del sector privado es igual al déficit público más el superávit exterior. Sin superávit exterior, es imposible que las familias puedan pagar su deuda sin que el déficit público no vaya en aumento, lo cual ya sabemos que nos perjudica bastante.
Podemos ver esta relación en el siguiente gráfico-espejo:
Hasta ahora, con un déficit exterior positivo, la única posibilidad de que el sector privado ahorrase (la barra azul sea positiva) es que el sector público se endeudase (barra roja sea negativa). En terminos matemáticos: (S - I) = (G - T) + (X - M). Ahorro privado = Déficit público + superávit exterior. 

 

Conclusión

El entorno recesivo sigue acuciando a las familias, que ven disminuida su renta y, por tanto, su capacidad de ahorro. El intento de las familias por ahorrar disminuyendo su consumo (así como las AAPP), bajan las ventas e ingresos de las empresas, que como también quieren ahorrar bajan la remuneración de asalariados (despidiendo y bajando salarios), lo cual baja la renta de las familias, en una espiral de la que aun no vemos el final. El sector público, en medio, sigue manteniendo políticas de austeridad que en práctica no tienen el efecto deseado (bajar el déficit), puesto que el ciclo acaba afectando disminuyendo ingresos y aumentando gastos. La otra cara del déficit público, es que consigue mantener en terreno positivo, y aumentando, la capacidad de ahorro y pago de la deuda del sector privado. El cuento chino de que el sector privado consigue pagar deuda mientras que el irresponsable sector público no lo consigue no es más que una cara de una moneda que tiene dos. Lo uno no puede darse sin lo otro. Al menos hasta ahora. Cuando tengamos un sector exterior positivo, será otra historia. 


El problema de fondo, nuestro sector exterior, va mejorando, pero muy lentamente. Seguimos teniendo problemas, sobre todo en torno al déficit energético, y dependen en gran medida de las importaciones, que ahora están bajas dada la caída en el consumo familiar.


Esperemos que para los siguientes trimestres, donde el sector exterior puede empezar a dar signos positivos, la evolución de la economía vuelva a dar signos de reanimación, aunque si entonces el sector público consigue realmente su objetivo, podemos tener los mismos problemas en las familias y empresas.  
Miguel Puente Ajovín. Caótica Economía

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