18.7.12

Hablemos sobre la competitividad en la España de 2012

Estando sumidos ten una crisis muy dura, profunda y, se pronostica larga, parece imposible escapar del debate sobre los impuestos o necesarios recortes del sector público.
El debate parece haberse extremado hasta tal punto de haber desdibujado un poco la crisis en la que estamos y, por tanto, las formas que tenemos de salir de ella.
Lo primero que habría que decir en momentos como este, es que si todas las medidas tomadas para la recuperación tienden a intentar reducir el déficit público, es que este no es la causa de la crisis, sino un síntoma más. Un síntoma más como puede ser la elevada tasa de paro de la que nuestros políticos ya se han olvidado, o la depresión de la actividad económica.
Una de las causa de nuestra crisis es el elevado endeudamiento privado de nuestra economía, endeudamiento que únicamente podremos pagar si:
1º: Crecemos (es difícil pagar deudas si no generas renta para ello),
2º: Exportamos más de lo que importamos.

Lo primero es difícil de solventar si únicamente miramos a una de las caras de la moneda, que es el sector público, lo segundo algo que está aun por llegar.
Va a ser un proceso largo porque hay mucha deuda que devolver, así que debemos cambiar nuestra posición exterior radicalmente. No es necesaria una dieta de verano, sino unos cambios adecuados en nuestros hábitos de consumo.
Pero lo cierto es que es complicado potenciar la mejora de nuestro sector exterior, para lo cual, muchas veces, se nos dice de forma simple que debemos ser "competitivos". Y sí, en cierto modo es una obviedad, pero lo complicado es llegar a serlo. Esto me recuerda a una compañera del instituto que me preguntó una vez si tenía coche. Le dije que tenía trece años y me contestó: ¡Pues crece!
Desde algún prisma lógico alternativo, la respuesta tenía sentido.
La teoría Heckscher-Ohlin del comercio internacional te dice que un país va a exportar bienes que sean intensivos en aquello en los que el país es abundante. Un país con muchos trabajadores y poco capital exportará bienes agrarios y materias primas. Un país desarrollado con mucho capital por trabajador exportará bienes de capital (muy resumido todo). La pregunta que hay que hacerse es, ¿en qué queremos competir? Bueno... lo digo como si pudiéramos elegir. Mejor esta: ¿en qué podemos competir?
Si invirtiéramos en capital humano podríamos especializarnos en exportaciones intensivas en capital humano (sectores TIC, investigación y desarrollo...), pero al paso que vamos yo me veo compitiendo con los chinos, y en palabras del mismo Rajoy: A ver como compite usted con los chinos.
España es Sol-abundante (oh yeah, no sé si ese término se habrá usado alguna vez), y por tanto exporta bienes Sol-intensivos: Playa, turismo... Está bien, pero necesitamos algo más, básicamente porque eso ya lo teníamos y nuestra balanza de pagos se resentía igual.
Uno de los problemas es pensar que esto se va a solucionar en un plis plas. Y a la luz de los datos podría parecerlo: Miguel, no te enteras, no has visto como nuestras exportaciones están creciendo mientras nuestras importaciones caen. ¡Ya nos estamos ajustando!

Ojalá...
Desde luego, nuestro sector exterior sí que ha sido de los que más han resistido el embiste. Han conseguido que nuestra producción cayera menos que nuestra demanda interna, manteniendo más o menos cuota de mercado durante la crisis. Y es que lo cierto es que España no peca de falta de competitividad en aquellos que compiten. Lo que falta es que se apunten más al carro. Como apuntaban en Politikon, probablemente nos falte mejorar nuestra heterogeneidad empresarial, potenciando más la expansión y el crecimiento de nuestras empresas y dejar un poco de lado el mantra de que las Pymes dan el 80% del trabajo. Pero tengo miedo de decirlo muy alto porque Rajoy se lo toma todo tan a la tremenda que es capaz de prohibir que las empresas tengan menos de X trabajadores.
Mucho más discutible es el ajuste que se ha producido en las importaciones. A la luz de los datos, uno ve que han estado cayendo pero esto puede deberse a dos causas:
- Caída en las importaciones porque somos, efectivamente, más competitivos, de forma que parte de nuestra demanda la satisfacemos cada vez más con productivos españoles.
- Caída en nuestra renta / demanda, de forma que, simplemente, demandamos menos bienes, internos y externos, lo cual implica caída de nuestras importaciones.
Hay una diferencia crucial, y es como digo, la que hay entre hacer una dieta de verano o un plan de cambios en nuestros hábitos de consumo. Si solo hacemos dieta, y nuestras importaciones caen porque cae nuestra demanda, en cuanto pase la recesión volveremos a importar al mismo nivel que antes, y por tanto el punto 1º y 2º que decía antes (crecer y exportar netamente) no se darán a la vez.
Si en cambio lo que cambia es nuestra competitividad, el efecto en la reducción de importaciones es sostenible en el tiempo y nos permitirá ajustarnos, al tiempo que crecemos.
Y entonces vamos a los datos, y encontramos que la proporción de la demanda que satisfacemos con bienes externos disminuyó tajantemente durante la crisis, probablemente por un efecto mucho más cíclico, y posteriormente se sucede un ajuste continuado hasta la misma proporción que teníamos antes. Es decir, nos encontramos en el primer caso. Atendiendo al mercado externo, la gente importa menos, sí, pero porque demanda menos. De hecho, en los últimos tres años, ha bajado más la demanda interna que la demanda externa.
Ese es el "output" claro. También deberíamos atender a los indicadores más "puros" de competitividad. Pero esto es realmente complicado. ¿Que indicador usamos para saber si somos más o menos competitivos?

Podemos ir primero a los precios. Ganaremos más competitividad si nuestros precios aumentan menos que los de nuestros competidores. Pero esto adolece de un hecho básico, y es que el comercio no se traduce siempre en vender más a menor precio. De hecho, algunos de los países que han aumentado su capacidad exportadora lo hacían con niveles de inflación superiores a la media. Exportar bienes en los que estás especializado (y donde hay, por tanto, menos competencia, el ejemplo básico es aquellos que tienen materias primas, petróleo, pero también puede derivarse de una especializad industrial propia de la economía, derivada de la concentración industrial), o crear nuevos productos te garantiza una gran porción del mercado no siendo el más competitivo, sino "creando" nuevos mercados o, simplemente, dominándolos. Por ello, atender solo a los precios no es óptimo.
Aun así. Si atendemos a la evolución de los bienes importados y los bienes exportados, vemos que desde 2006 los precios de exportación (nuestros) crecen más que los de importación. En 2009 parece que corregimos algo pero seguimos cayendo, si bien desde mediados de 2010 sí que es cierto que estamos empezando a corregir la diferencia, aunque los últimos meses, ya en 2012, parece que se vuelve a revertir. Desde luego, nada muy claro, pero de recuperación destacada, nada.

Otro indicador predilecto son los costes laborales unitarios (el CLU). Pero esto realmente tampoco es un buen indicador de la competitividad de un sector. Primero, porque solo informa de una parte (pequeña) de los costes de producción, y se salta por el camino los posibles aumentos de productividad que son los que realmente indicarían si una empresa es más o menos competitiva.


"Tonto, ¡pues usa la productividad media!" Ya claro, pero eso tiene problemas, como digo, al no poder diferenciar entre una mejora productiva agregada o un espejismo cíclico.
Estando en crisis, los primeros que se quedan sin empleo suelen ser los menos productivos. Esto hace que baje el empleo más de lo que baja la producción y que, por tanto, aumente la productividad media. Pero esto no se debe a que aumente la productividad en los procesos de producción, y cuando vuelvan a contratarse a los menos productivos, volverá a disminuir la productividad media.
Por último, podemos observar los indicadores externos de competitividad, como el que hace el The Global Competitiveness Report. ¿Qué encontramos? En términos generales, en 2008 estábamos en el puesto 29, en 2011 en el 36. Hemos caído por tanto en siete puestos. Podemos preferir observar la valoración y no solo el puesto. En ese caso caemos de un valor de competitividad de 4,72 a 4,54.
En aspectos básicos pasamos del puesto 27 al 38, cayendo de 5,34 a 5,18. En eficiencia caemos del 25 al 32, cayendo de 4,75 a 4,58, y en tercer lugar, en innovación, bajamos del puesto 29 al 33, cayendo de 4,25 a 4,03.
Aun así, los datos eran aun peores en 2010. Pero desde está óptica no hemos estado ganando tampoco mucha competitividad, la crisis ha ahondado, de hecho, en ella.
En definitiva, uno de los factores que más debería preocuparnos como es la competitividad y nuestra posición exterior, está pasando por el debate político-económico sin pena ni gloria. Si bien no tengo la respuesta, ni de como potenciar nuestro sector externo, ni de como ha evolucionado efectivamente durante la crisis, ya que no existen indicadores óptimos que tengan en cuenta todos los aspectos. Espero, simplemente, haber posicionado ciertas piezas en el tabler. Miguel Puente Ajovin. Caótica Economía
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