La nueva Guerra Mundial no es bélica (de momento) sino económica

Esta cada vez más claro y triste que desde Bruselas nos han dado otro toque duro y que Zapatero ha dicho que si y amén. Otra vez la jubilación a los 67 años cuando este debate ya parecía superado, y productividad por sueldo para los funcionarios. Son el principio de unas medidas, que esta vez no las avisará todas de golpe un Zapatero asustado, sino que nos las meterá con calzador. El nuevo Ministro de Trabajo ha empezado mal y se le ve en la cara.
Es lo que hay, es más crisis, es menos Europa. Es más liberalismo, más capitalismo, más pobreza para los países que nos creíamos casi ricos. Lo curioso es que lo seguirán pagando los que menos tienen. Mal futuro, pero incluso peor que mal. Irlanda y Portugal pueden ser los siguientes a Grecia. Pero mucho cuidado con esta cadena de fallos, pues lo grave no es tanto saber quien será el próximo, que no tenemos duda de que será España, sino de saber quien está ganando cuando otros pierden.
Y quien esté ganando —es la guerra, sin duda, pero económica— pondrá sus leyes nuevas, sus normas. Pero no para ellos, sino para los perdedores. Siempre ha sido así. Apañados vamos los que nos pillen con el paso cambiado en lo personal, con deudas, sin liquidez o sin activos. Aunque nunca se sabe qué puede ser peor, pues encima la inflación puede venir antes que la deflación, para machacar más la artificialidad de todo este invento. Puñetero laboratorio mundial en plena guerra por posicionarse de nuevo ante el mundo mundial globalizado.
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